Encender la vela,
iluminar la resistencia

Velatones y comunidades negras en el oriente de Cali

Por Juan David Macuacé

“Doña Yolanda cerró los ojos y sintió la energía colectiva que 
fluía a su alrededor. Sabía que era importante para la comunidad encontrarse en el dolor, pero también en las luchas colectivas que estaban viviendo en la coyuntura del estallido social”  Macu

La noche del miércoles 5 de mayo de 2021, bajo el cielo estrellado, alrededor de cien  personas se reunieron en uno de los callejones del barrio Decepaz, en la Comuna 21 de Cali. Hombres, mujeres, jóvenes y personas mayores se congregaron a la luz de las velas en una manifestación pacífica para rechazar de manera rotunda el asesinato del joven de 16 años, Jhon Wainer Escobar Marín, ocurrido el día anterior. Este suceso ocurrió cuando una camioneta pasó disparando a los manifestantes en el barrio Marroquín II, alrededor de las 5:30 de la tarde. Así que la octava noche del Paro Nacional, el Distrito de Aguablanca y otros puntos de la ciudad se iluminaron con velones en un gesto de solidaridad y protesta.

Esta no fue la única velatón realizada en la ciudad y a nivel nacional, es posible establecer que se configuró como una de las primeras “acciones […] de solidaridad y protesta [que gestó la ciudadanía en articulación con sus] entornos inmediatos”(Roa y Grill, 2021). Es importante destacar su relevancia como una de las primeras acciones gestadas por la ciudadanía aunada a sus territorios inmediatos. Según Salazar (2021), estos espacios comunitarios surgieron simultáneamente en cada barrio, alrededor de cada punto de concentración y resistencia en la ciudad, conformando una red de dieciocho puntos de resistencia desde los que la ciudadanía se unió para rechazar los asesinatos de las jóvenes víctimas del abuso policial, y exigir justicia y mejores condiciones de vida para la población en general.

En ese contexto, las velatones se convirtieron en un símbolo de unidad y esperanza para las comunidades afectadas. Doña Yolanda Biojó, una líder comunitaria afrodescendiente, fue una de las personas clave en la organización de las manifestaciones. Originaria del municipio del Charco (Nariño), doña Yolanda llegó a Cali huyendo de la violencia y ha sido testigo de los cambios importantes que ha experimentado su comunidad en el barrio Decepaz. Su participación en la convocatoria de las velatones refleja el papel fundamental que las mujeres afrodescendientes han asumido, progresivamente, en la representación y coordinación de iniciativas sociales como la movilización nacional del 2021.

Doña Yolanda recuerda la velatón del 5 de mayo con profunda emoción. Mientras las velas ardían, comenzó a cantar un alabao 
que hablaba de unidad y esperanza, y las voces de los presentes se unieron de manera armónica. Después del canto, doña Yolanda compartió sus propias experiencias de lucha y resistencia, recordando a la comunidad la importancia de mantener viva la memoria del territorio y las tradiciones ancestrales, ya que “encender las velas en la oscuridad simboliza la luz en medio de las dificultades y la búsqueda de un camino mejor”. Además, estas permiten “mantener vivas [sus] tradiciones ancestrales y fortalecer la identidad a través de la música, el canto, la danza y el compartir de historias”.

En los encuentros nocturnos, las personas encendían velas en memoria de sus seres queridos, y allí la tristeza se mezclaba con 
la esperanza, el enojo con la determinación y la nostalgia con la resistencia. Al mismo tiempo, estos espacios tuvieron la capacidad de generar unidad en medio de las dificultades y lograr que se dejaran de lado las diferencias.

La iniciativa de las velatones surge del profundo dolor e indignación de la comunidad ante el asesinato de los jóvenes. 
En el oriente de Cali, sobre todo las mujeres se movilizaron impulsadas por la rabia, la indignación y el deseo de cambio 
que predominaban en la coyuntura. Así, un grupo de mujeres, liderado por personas como doña Yolanda, decidieron tomar acciones y convocar a la comunidad. Al respecto, ella mencionó: 

Uno siempre ha crecido tratando a toda la comunidad como si fueran familiares de uno, entonces puede que uno no conozca al muchacho, pero si es de la comunidad es mi sobrino o mi ahijado, entonces cuando en el Paro [Nacional 2021] la policía los comenzó a matar solo por salir a reclamar sus derechos y una vida mejor, uno [sentía] como si le hubieran arrancado un pedazo del hogar. (citado en Ojulari y Cuero, 2021)

Doña Yolanda señaló que la necesidad de reconocer los dolores en compañía de otras mayoras y su hija Adriana las llevó a hacer las velatones en el barrio. Para convocar a los vecinos hicieron uso de las redes sociales y de mensajería instantánea como WhatsApp. De esa manera crearon cadenas y las enviaron a distintos grupos. Los canales de comunicación y convocatoria, además de desempeñar el rol como medios “que permitieron compartir eventos que estaban teniendo o iban a tener lugar en diferentes [partes de la ciudad, en el país y en el mundo], posibilitaron la circulación fluida de imágenes, videos y transmisiones en vivo”(Ramírez y Vargas, 2023, pp. 1-18) de sucesos en el marco del Paro Nacional.

La primera velatón tomó por sorpresa a sus organizadoras debido a la gran asistencia, considerando el temor generalizado de la población por salir a las calles, debido al riesgo de violencia y represión policial. Pese a estas circunstancias adversas y los rumores de amenazas, cientos de personas se unieron para apoyar las manifestaciones pacíficas. En ese mismo contexto reino la desinformación, pues proliferaban mensajes sin autoría y sin fuentes en las redes sociales, “nutriendo la desinformación a partir de noticias falsas o sesgadas” (Salazar, 2021).

Cabe mencionar que salir del Distrito de Aguablanca, en este convulso contexto social y político fue complicado, en parte por la falta de transporte público, sumado a los rumores de amenazas de camionetas blancas que disparaban a manifestantes desde la autopista Simón Bolívar, que es el límite entre el Distrito y el resto de la ciudad. Las amenazas se difundieron en grupos de WhatsApp, que era el principal medio de comunicación en esa zona de la ciudad.

Por otro lado, las estadísticas demostraron que “[…] de las veintiocho desapariciones forzadas que se registraron en la ciudad hasta el 13 de mayo de 2021, veintidós de ellas ocurrieron en comunas con media y alta presencia de población afrodescendiente” (Carabalí, 2021). Según el mismo informe la violencia policial de la que fueron víctimas las personas negras durante el Paro, responde a los imaginarios y estereotipos raciales que operan en las instituciones policiales, donde el perfilamiento racial sirve como excusa para estigmatizar a los jóvenes negros como peligrosos, delincuentes y vándalos.

Otra razón que podría explicar la masiva asistencia a lo que fue la primera jornada de velatón, y a las siguientes que se realizaron en el barrio tiene que ver, como menciona doña Yolanda, con “el sentimiento de ancestralidad que es como un llamado a la gente, porque era recuperar la memoria del territorio y las tradiciones”. Adicionalmente, el apoyo y solidaridad que lograron las mujeres para sostener sus acciones colectivas y participar en la protesta se debe a que las velatones se configuraron como espacios para la solidaridad comunitaria,  para hacer frente a la escasez y al alza de precios que se vio en el estallido social  —que afectó de manera desproporcionada a los territorios más empobrecidos de la ciudad —. 

Las velatones funcionaron como espacios de diálogo y discusión, donde las personas conversaban sobre la difícil situación económica que atravesaban, y también como lugares donde emergían las solidaridades, ya que se planeaban ollas comunitarias. Sumado a esto, quienes podían, ofrecían alimentos de primera necesidad a las personas que tenían dificultades para conseguirlos.

La migración afrodescendiente que ha experimentado Cali, desde mediados del siglo pasado, ha traído consigo una riqueza de saberes y creencias de las comunidades negras, enriqueciendo así el tejido social y espiritual en el oriente de la ciudad. En ese contexto, las velatones se convirtieron en un puente que conecta y amalgama distintas cosmovisiones, lo que influyó en la forma de concebir la protesta social. La música y las canciones tradicionales transmitieron conocimientos ancestrales, estableciendo una forma de resistencia cultural frente a las injusticias sociales percibidas por los manifestantes.

Las prácticas aplicadas se transformaron en mecanismos de insurgencia epistémica, desafiando los discursos hegemónicos y dominantes que históricamente han marginado y silenciado a las comunidades negras; aspectos que se intensificaron con el cubrimiento cuestionable de los medios de comunicación durante el Paro. Ahora, la producción de memoria basada en la sabiduría ancestral implica una reescritura de la historia del movimiento social desde una perspectiva propia, una que dignifique el legado de los ancestros y de voz a las experiencias y luchas de un pueblo, recordándonos que a las comunidades negras les pueden quitar todo, excepto su dignidad.

¡TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR!

Desde la huerta nace la 
resistencia

Por Fallola Ibargüen

El 8 de diciembre del 2022 nos encontramos con Víctor, un joven negro de contextura delgada y gran sonrisa. Con el objetivo de conocer un poco su historia…

Mujeres negras, mujeres cimarronas: ejemplo de dignidad y resistencia

Por César Guerrero y Yan Carlos Romero

La historia no ha muerto, las personas negras, en especial las mujeres de la diáspora africana…

Con la berraquera en el pecho: reflexiones de dignidad de una lideresa afro juvenil

Por Fallola Ibargüen

En una tarde de marzo de 2023, Ginna, una mujer negra, de contextura delgada, y de labios gruesos, que nació en el año 2000…