Con la berraquera en el pecho: reflexiones de dignidad de una lideresa afro juvenil
Por Fallola Ibargüen
“No era justo que por salir a marchar nos [dispararan], nos [echaran] esos gases lacrimógenos”.
Gina Gallego
En una tarde de marzo de 2023, Ginna, una mujer negra/afrodescendiente, de contextura delgada, y de labios gruesos, que nació en el año 2000 y creció en el barrio Antonio Nariño, en la Comuna 16 de Cali, me abrió la puerta del apartamento que comparte con tres amigas cerca del Centro Comercial Santiago Plaza. En su habitación pequeña, adornada con cuadros de denuncia social y plantas, hablamos de su experiencia como artista a través de la pintura muralista, en el marco de las manifestaciones del Paro Nacional; acciones que, como ella misma señala, cambiaron su vida y la convirtieron en una lideresa afrojuvenil.
Esta joven artista caleña decidió participar en las movilizaciones al considerarlas un proceso de incidencia política a gran escala que posibilitaba transformar la realidad de personas “como ella”. Toda su vida se había sentido interpelada por diversos factores que la han puesto en una situación de desventaja: ser mujer negra/afrodescendiente de piel oscura, diversa, joven, independiente económicamente, habitante del Distrito Aguablanca, hija de desplazados, entre otros factores.
Motivada por la berraquera generada por la crítica movilizadora, incómoda y propositiva, Ginna salió a las calles. Esa berraquera, como ella la llama, creció entre muchas personas hasta convertirse en un sentir colectivo que se materializó de forma cercana en Puerto Resistencia, pues había la necesidad de crear un espacio de encuentro localizado en el Oriente para las personas del Oriente de Cali.
Puerto Resistencia, conocido hasta entonces como Puerto Rellena, con el paso de los días se convirtió en una zona en la que se congregó la ciudadanía de un origen variado. Sin duda un aspecto a resaltar era la “fuerte presencia de los jóvenes [y mujeres], sin que ninguna agrupación política u organización social o sindical [pudiera] reivindicar para si una iniciativa exclusiva” (Valencia, 2021, p. 15).
Me acuerdo que ese 28 de abril, cuando yo llego al punto de encuentro […], me quedé impresionada, creo que nunca había visto tanta gente negra en la calle. Gente de todas las […] edades. (Ginna Gallego, entrevista)
Este lugar de encuentro se erigió como una alternativa a la corrupción que, según la percepción de Ginna, permea hasta los movimientos sociales y organizaciones de base comunitaria. Fue un llamado a la necesidad de organizarse desde la base sin intención de lucro, “[queríamos] que [viniera] de acá, de la gente [de la comuna]” (Ginna Gallego, entrevista). De esta manera, un grupo grande de jóvenes, por medio de las redes sociales y el voz a voz, comenzó a reunirse para gestionar recursos destinados a eventos como conciertos de rap y chocolatadas.
Los muchachos, como les dice Ginna, se juntaron para hablar sobre el contexto social que se vivía, empezaron a notar la importancia del rap y de las manifestaciones artísticas urbanas en la construcción de reflexiones más sólidas. Ellos también aportaron, desde su hacer, al fortalecimiento del tejido social, mediante ollas comunitarias que, alrededor de los alimentos y la palabra, fortalecía el espíritu crítico de quienes asistían. Entre el 28 de abril y mediados del mes de junio de 2021, “miles de paredes en diferentes ciudades [del país] se llenaron de colores. Muchos de estos espacios urbanos fueron el telón de artistas, jóvenes, niños y adultos que plasmaron el descontento que sentía la ciudadanía” (Fernández, 2022, párr. 1). Asimismo, menciona Ginna:
Muchos jóvenes de la comuna decidimos organizarnos, ahí nace una colectiva que se empieza a movilizar por primera vez en la historia del Distrito de Aguablanca, entendiendo que la Simón Bolívar es solo la división, no es todo [el] Distrito. […] Algo que tenía ese punto es que había mucha gente negra, la gente que normalmente no está en las manifestaciones porque les queda lejos. (entrevista)
Pese al deseo de las personas de participar en las movilizaciones a partir de expresiones pacíficas, se percibía un miedo colectivo debido a que desde el primer día de protesta desaparecieron algunas personas, entre ellas, jóvenes negros/afrodescendientes habitantes de las zonas periféricas de la ciudad[1]. “Uno [salía] a marchar con mucho miedo porque uno no [sabía] si [iba] a volver a casa”. Según “la oficina de CODHES Cali, […] de las 39 personas asesinadas en Cali y Yumbo entre 28 abril y 18 mayo, 11 eran visiblemente afrodescendientes, 1 indígena, 9 mestizos y 18 aún no identificadas” (Ginna Gallego, entrevista). Ante estas circunstancias, muchas personas decidieron dejar de participar de las movilizaciones o hacerlo solo en entornos cercanos a sus barrios por seguridad.
[1] Aunque se haya intentado hacer un rastreo sobre las cifras oficiales de las personas muertas y de las desaparecidas, no hay fuentes oficiales que coincidan en los datos. Medios de comunicación alternos, organizaciones sociales y otras instituciones han realizado investigaciones y seguimientos sobre estas cifras; sin embargo, siguen sin tener el carácter oficial. Por esto, hemos decidido no dar una cifra aproximada, pero sí mencionar que estos sucesos tuvieron lugar durante el Paro Nacional de 2021 y continuar con la exigencia de la recuperación, sistematización e investigación de estos casos por parte las instituciones estatales.
El día en que mataron a Miguel Ángel Pinto, yo solo recuerdo la sensación en mi cuerpo, [él había sido] compañero del colegio de mi hermana, […] [lo] había visto caminar en el barrio[…] Que haya sido asesinado eso es una de las cosas que daba más rabia, porque todos los que veía heridos eran chicos de mi barrio, eran chicos del Distrito, de Comuneros […] que venían a concentrarse en Puerto Resistencia. (Ginna Gallego, entrevista)
Los asesinatos y desapariciones se convirtieron en una constante. Aquellas pérdidas, Ginna las sintió en el cuerpo, la muerte de personas que hacían parte de su cotidianidad, personas que hacían lo mismo que ella, que tenían edades similares a la suya. Entonces eso podía obedecer, entre otras cosas, a la racialización territorial y criminalización de los barrios y sus manifestantes durante el estallido social. Como mujer negra/afrodescendiente del Distrito, la exposición a tanto despliegue de violencia la afectaba de diferentes maneras y la llevaba a recordar que siempre habían intentado doblegar su humanidad mediante la violencia. Paradójicamente, al tiempo que se recrudecían los episodios de violencia hacia la sociedad civil, miles de personas en el país volvieron a volcarse a las calles, y esta vez para exigir justicia para las víctimas, defender el derecho a la protesta y el derecho a la vida. Con la berraquera en el pecho, la gente se tomó las calles para reivindicar la dignidad y la resistencia.
El paro [Nacional 2021] era para eso, para resistir y dignificar lo que somos, volver a renombra[nos], que dejen de decir que no podemos o no somos. Aquí estamos y contamos con todas estas herramientas que hemos ido aprendiendo: con todo el arte y el amor del universo. [Lo más seguro es que] vamos a seguir alzando la voz las veces que sean necesarias para resistir. (Ginna Gallego, entrevista)
Regresar a las manifestaciones día tras día con las, los y les jóvenes asesinades el día anterior en el pensamiento, se puede justificar con una frase de Ginna: “la resistencia en este caso viene siendo ese acto de continuar, de salir, de pensar, de decidir ir por otro camino”. Camino de resistencia que tomaron con las artes politizadas, ennegrecidas y barriales para expresar inconformidad, incluso, proponer alternativas de vida que cuiden la tierra y a quienes la habitan.
Ciudades como Bogotá, Cali y Popayán empezaron a ver en sus calles grandes murales creados […] en especial, por jóvenes que se reunían y gestionaban los recursos necesarios para plasmar mensajes en torno a lo que estaba ocurriendo esos días. Siempre que llegaba la fuerza pública algo pasaba, pero cuando no estaban la gente empezaba a jugar, a bailar, a hacer comida y hacer otras cosas [diferentes a] estar en posición de defensa, porque no hay un enemigo allí esperando para hacerte algo. (Ginna Gallego, entrevista)
En palabras de Fernández (2022), “[l]a participación de los jóvenes, no sólo se concentró en cantar arengas en contra del gobierno y en caminar por las principales calles de la ciudad, también se manifestó a través del arte, la pintura y la olla comunitaria” (párr. 11). En este contexto, Ginna se reunió con jóvenes conocidos del proceso y poco a poco, como dice ella, “el color […] inundó las grises y opacas calles de la ciudad con mensajes de reivindicación social […] como una de las formas más potentes de protesta” (Ginna Gallego, entrevista). También nos dejó saber que,
Allí [en el marco del Paro Nacional 2021] hago mi primer mural grande. A partir de [la] recolección […] de pinturas que empezamos a gestionar y organizar. En ese contexto nace la primera intervención en la caseta comunal en la Avenida Pasoancho. Ese mural, lleva la palabra revolución por todo este esto que estaba sucediendo, como ese alboroto, ese cambio, esa inquietud eso que estaba sucediendo que nos estaba movilizando y que de una manera pacífica se estaba dando de manera fuerte, de manera [clara y concreta, con ímpetu]. (Gina Gallego, entrevista)
Teniendo en mente la pregunta, ¿cómo resignificar el ser mujer negra/afrodescendiente en esta sociedad? Ginna gestó su idea incorporando elementos que siguen presentes en sus obras: mujeres negras/afrodescendientes como protagonistas, astros y exploración de la flora-fauna del Chocó biogeográfico.
[En el mural] aparece la figura de una mujer afro, […] como un llamado [de atención] de que la gente afro también está haciendo parte de [estas movilizaciones] y que también estamos exigiendo cambios. Esta figura era importante porque en todas las luchas estamos las mujeres negras. Siempre estamos y se cuentan las historias a medias. Siempre nos atraviesa un montón de problemáticas sociales entonces ¿cómo no vamos a estar ahí? (Ginna Gallego, entrevista)
Los espacios de creación y resignificación de lugares, que se replicaron en diferentes partes de la ciudad y el país, se convirtieron en medios en los que la creatividad, la imaginación y la palabra se hicieron camino. Campanada de elemento sensible que caracterizan al arte y que permitieron el engranaje simbólico perfecto para hablar y visibilizar temas como la desigualdad, la violencia. Además, denunciar el poco presupuesto que se le da al sector artístico en nuestro país. Al respecto, Ginna mencionó:
Cuando empiezo a pintar el mural algo que recuerdo mucho era esa sinergia dentro de la comunidad a la hora […] de participar en lo que se estaba haciendo. Recuerdo, cómo me llevaban comida, pinturas […] uno [se sentía] supremamente acompañado y cuidado por las mismas personas que habitaban el territorio. (Entrevista)
A la búsqueda de justicia social, Ginna, quien siempre había soñado con acceder a la universidad para perfeccionar su arte, se movilizó con la esperanza de algún día cumplir su sueño y que las futuras generaciones tuvieran derecho a estudiar y no fueran solo sueños. Lamentablemente, “en Latinoamérica y el Caribe, el racismo y la discriminación tienen características históricas, económicas, sociales y culturales, que han mantenido a grupos específicos, entre estos los pueblos indígenas, afrodescendientes y mujeres, en condiciones de marginalidad, exclusión y pobreza extrema” (Cuéllar, 2020).
En medio del contexto social convulso que estaba la ciudad de Cali, aun siendo testigo de la violencia en las manifestaciones, Ginna, que ya en alguna ocasión había intentado acceder a la universidad —y por cuestiones económicas había tenido que desistir del proceso—, logró su objetivo de estudiar, gracias algunas fundaciones ganó una beca del 100 % para adelantar una Licenciatura en Artes en la Universidad Icesi.
Con esta historia de vida, encaminada a reconstruir hechos y reflexiones sobre su participación en el Paro Nacional, se entrevé una fuerza movilizadora, una persistencia y un pensamiento de sí misma dentro del entramado social, con una Ginna dos años más experimentada en todos los aspectos de su vida.
[La resistencia es] retirarse un poco para poder volver con otras herramientas como son las educativas, lo pedagógico, el arte para volver y decir, “bueno, aquí está todo esto para continuar resistiendo”, mantenerse en pie, firme y oponerse a lo que no es correcto socialmente. La dignidad es poder tener acceso a la educación, es poder tener una buena vivienda, es poder ser reconocido, poder ser un sujeto de derechos y que mis derechos tengan un valor dentro de esta comunidad, que se me vea como alguien pensante, alguien creativo, creativa, creative, que ese ser que yo soy se reconozca. (Ginna Gallego, entrevista)
Como enfatizó Ginna, la dignidad está en ser reconocido como alguien igual en el ejercicio de derechos. Especialmente en Colombia, en donde la mayoría de las personas negras/afrodescendientes no podemos reconstruir nuestro árbol genealógico más allá de la quinta generación, porque se homogeneizó la historia de personas traídas en condición de esclavización, personas heterogéneas en cultura y lengua. El retorno de su dignidad está en la búsqueda de acciones que le permitan hacerse escuchar desde la inconformidad y la propuesta, dejar de ser sólo números que representan carencias para convertirse en rostros que reclaman ser ciudadanos con derechos y voces. Lamentablemente, en el marco del Paro Nacional del 2021, fueron más los jóvenes negros/afrodescendientes asesinados que estaban deseosos de estudiar, que los que efectivamente pudieron ser becados en universidades. Casos como el de Ginna, quien pudo acceder a la educación superior son la “excepción” y no la “norma”.
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