Desde la huerta nace la resistencia

Experiencia de un joven negro que le apuesta a cosechar un futuro mejor

Por Fallola Ibargüen

A [mi huerta] le puse Huerta satélite: compartiendo bendiciones, sembrando futuro. Yo les dije a [a sus vecinas] que aquí lo que iba a llegar eran bendiciones”.
Víctor Granjas

El 8 de diciembre del 2022 nos encontramos con Víctor, un joven negro/afrodescendiente de contextura delgada y gran sonrisa. Con el objetivo de conocer un poco su historia caminamos su territorio, el barrio Pízamos I (Álvarez, 2021), situado al oriente de la ciudad. Víctor narró sus experiencias con las huertas comunitarias que surgieron en el marco del Paro Nacional, como una expresión pacífica: “para sembrar nuevas formas de acción colectiva que [contribuyeran] a la construcción de paz” (Ibarra y Recalde, 2021).

El día de la entrevista, Víctor vestía una camisa azul manga larga y encima una camiseta en la que tenía estampada la fotografía de dos jóvenes negros/afrodescendientes, menores de edad, asesinados como consecuencia del conflicto de fronteras invisibles en el barrio. Él cuenta que “[aquí] en el barrio se ha derramado mucha sangre. Si me pusiera a contar cuántos jóvenes han muerto […] en […] Pízamos en el día no alcanzaría a contarlos todos” (Valencia, 2021). Al igual que Víctor, cientos de personas del Oriente de Cali salieron a las calles motivadas por la falta de empleabilidad, educación y las situaciones de violencia, y se concentraron en ‘4ta Resistencia’ (Fernández, 2023), el punto de encuentro más cercano a su barrio. Para él, “el estallido fue un impulso para que miraran más hacia las comunas y el [sector] […] Sentí la necesidad de ir a la marcha porque era la [ocasión para] hacer sentir mi voz y acompañar al pueblo” (Víctor Granjas, entrevista).

Este joven caleño, siempre interesado en recuperar espacios urbanos y mitigar el impacto ambiental, desempeñó el papel de mediador entre la comunidad y las fuerzas policiales, “para apaciguar el conflicto y evitar que este escalara” (Víctor Granjas, entrevista), durante las manifestaciones del 2021. Con el transcurso de los días y el aumento de la violencia, así como el crecimiento en el número de víctimas en distintas partes de la ciudad, como se menciona en una nota de la BBC News (2021), “los jóvenes y los movimientos alternativos, como protagonistas, insuflaron un renovado aire de protesta social, ocupando territorios y ciudades con un amplio apoyo popular”. De esta manera, se consolidaron espacios de resistencia ciudadana con el fin de “fortalecer sus territorios y garantizar dos objetivos estratégicos: la continuidad y la intensificación de la lucha, así como la seguridad de aquellos que participaban en las protestas en las calles”(Salazar, 2021, pp. 151-165).

Mercados móviles, ollas comunitarias, jornadas textiles, cartografías sociales, bibliotecas comunitarias, puestos de atención médica, ‘pintatones’ e incluso huertas comunitarias fueron algunas de las iniciativas exitosas en las que se logró la solidaridad en los barrios y en los 18 puntos de concentración que había en la ciudad de Cali[1]. Al recorrer algunas de las cuatro huertas urbanas del barrio, Víctor mencionó que varios sectores de la ciudad estigmatizan a los habitantes de esta zona por las condiciones de pobreza extrema, los bajos niveles de escolaridad y la percepción de inseguridad en el área. Esta situación la pudimos constatar por la mañana, cuando el taxista que nos llevó a Pízamos decidió detenerse en una cancha del barrio y nos pidió que llamáramos a alguien conocido para que nos recogiera, al tiempo nos contaba que “hace algún tiempo en el barrio Pízamos solían llamar a los taxistas para robarlos” (Víctor Granjas, entrevista).

La idea de un Pízamos violento expuesto por la anécdota del taxista contrasta con la visión de una persona joven como Víctor, quien asegura que, a pesar de las situaciones de conflicto, segregación racial e inseguridad que se presentan en el territorio, también hay propuestas ciudadanas, que le apuestan a crear un barrio mejor desde la amabilidad y comunión entre vecinos. Un ejemplo son las huertas comunitarias en las que han venido trabajando desde hace 1 año y medio. Pese al éxito que tuvo o ha tenido iniciativa en el barrio, los obstáculos que han tenido que sortear en el camino no son pocos; sin embargo, los jóvenes y los vecinos han decidido seguir apostando a sembrar para cosechar.

En el año 2021, los planes iniciales para la construcción de las huertas en todo el corredor ecológico de Navarro se vieron afectados por los asentamientos irregulares, así lo plantea Víctor quien dice que “si no hubieran invadido [este sector], la huerta de Pízamos sería la más grande del Distrito de Aguablanca” (Víctor Granjas, entrevista). La recuperación y adecuación del lote, que antes funcionaba como basurero, también fue una tarea ardua que lideró Víctor en compañía de algunas vecinas del barrio, para ayudar a reducir el impacto ambiental que sufrían los habitantes del sector.

La primera, [Huerta satélite: compartiendo Bendiciones], fue la huerta principal porque yo vi que era un espacio, [que hasta ese momento había sido un] basurero, [que] podíamos [recuperar]. Las personas arrojaban mucho escombro y mucha basura. Entonces desde ahí, yo me empoderé, [me llené] de sentido de pertenencia y compartí sabiduría. (Víctor Granjas, entrevista)

Víctor y la comunidad sacaron adelante las cuatro huertas del barrio que, además de consolidarse como espacios de solidaridad y trabajo comunitario en el Paro Nacional, ayudaron a contrarrestar la escases de alimentos producida, también, por la pandemia del Covid-19:

La huerta inició en medio del Paro [Nacional] 2021 pero también en medio de la pandemia. [Nosotros] le peleábamos a la Alcaldía que no había alimento, que los alimentos estaban caros, […] una forma de combatir esa problemática fue […] empoderarse de la huerta porque desde ahí fue que se empezó la resistencia. (Víctor Granjas, entrevista)

De esta manera, las huertas del barrio, además de ser una expresión de resistencia pacífica, se constituyeron en una iniciativa de “resiliencia alimentaria en contextos de violencia, impactando positivamente a la comunidad gracias a las actividades diarias que las huertas exigen y las cosechas conseguidas” (Víctor Granjas, entrevista).

Al comprar alimentos entre vecinos se activó la economía del mismo espacio. Por “calamidades”, como lo mencionó una habitante del sector, algunas familias no contaban con un sustento económico estable para sobrevivir y notaron que, a través de la huerta, se amortiguaron los altos precios que limitan obtener los alimentos de la canasta familiar. Comprarle al vecino, proteger la tierra y cuidar a los otros mediante los alimentos, fueron dinámicas de vital importancia en el proceso de desarrollo y consolidación de un sistema alterno de economía solidaria[1]. Actualmente, los vecinos compran en la huerta frutos de alta calidad a menor precio con respecto al supermercado y encuentran una forma de aportar a sus propias viviendas.

Iniciar el proyecto de la huerta y conservarlas sin apoyo estatal fue un acto de resistencia, así como la continua búsqueda de mantener a flote la iniciativa. Así lo menciona Víctor: “ellos [el gobierno] no nos ayudan, uno tiene la capacidad de no dejar derrumbar lo que […] ha construido. Porque de eso se trata, de resistir” (entrevista). Mientras Víctor decía esto, miraba las plantas.

Las huertas urbanas se convirtieron en una herramienta de conexión, reconciliación y reparación del tejido social en el barrio Pízamos I, por medio del trabajo colaborativo. El compañerismo que se generó entre los habitantes del sector, se vio reflejado en la curiosidad de gente que les observaba trabajando en la huerta para, posteriormente, animarse a formar parte. Víctor señala que las huertas intentaron ayudar a crear actividades alternas para combatir el fenómeno de las fronteras invisibles, pues los jóvenes en lugar de estar en las esquinas, querían cambiar armas por palas.

[Antes] había vecinos que vivían en el barrio y no se dirigían la palabra, la[s] huerta[s] ha[n] sido un punto de reencuentro que han permitido dejar de lado la rivalidad. Si los gobiernos quisieran cambiar la violencia y lo que nos daña como sociedad, la huerta sería un lugar en donde podríamos hacer tejido social, donde los jóvenes le pueden apostar a sembrar. (Víctor Granjas, entrevista)

La experiencia de Víctor con las huertas comunitarias conforma una de las historias que permite contrapesar las narrativas dominantes sobre los jóvenes participantes en el Paro Nacional 2021, que muchas veces fueron catalogados como bandidos por los medios de comunicación dominantes. Lo cierto es que los jóvenes continúan su labor social con la comunidad aportando a la paz de Colombia. Los habitantes han ido recuperando su voz y lugar como el barrio fundador de la Comuna 21: Pizamos. De forma constante y unida se trenza el empeño por transformar la realidad del sector, para recuperar el papel de actores, la capacidad de crear mejores condiciones de vida digna para los habitantes del barrio.

Gracias a su liderazgo, durante el Paro Nacional, a la huerta y su labor social, a Víctor lo reconocen hoy como una persona que trabaja por la paz. Un joven que sueña con una Colombia huertera y que también anhela ir a la universidad y contribuir a que la tierra manchada por la sangre de cientos de víctimas dé vida a un fruto testigo de un porvenir esperanzador.

[1] Es importante señalar que estas expresiones de manifestación pacífica también se gestaron en otras ciudades del país. Sin embargo, no nos referiremos a ellas porque sobrepasan los objetivos de este reportaje.

[1] La economía solidaria surge cuando se fortalecen las redes verticales y horizontales de producción de servicios y bienes, a través de monedas diversas y relaciones solidarias entre personas. Es utilizar la denominación de economía solidaria para la promoción de actividades económicas asociativas autogestionadas por los propios trabajadores, con el propósito de integrarse al sistema económico que los excluyó. Por agregación y encadenamientos, los emprendimientos populares y solidarios pueden ir constituyendo un sector orgánico de peso creciente en la economía, capaz de moderar los efectos de la insuficiencia dinámica del modelo productivo y disputar la hegemonía de las formas capitalistas, su paradigma empresarial y sus valores.  Para profundizar, puede ver el apartado Coraggio en: La economía popular solidaria en el Ecuador. Universidad Nacional de General Sarmiento. https://n9.cl/6k5un

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