Resistencias Afrodiversas

Resistencias Afrodiversas

Este laboratorio se realizó el 16 de febrero del 2022, en la Casa Cultural el Chontaduro, con jóvenes del grupo NEGRAS, MARICAS Y DISIDENTES de la Fundación Afro Juvenil Matamba, un colectivo conformado por personas que se auto reconocen como negras y sexualmente diversas. Se propuso dar cuenta de las experiencias vividas por los jóvenes negros y diversos del Oriente de Cali, en el marco del estallido social. Para ello se propuso los siguientes objetivos, indicadores y actividades:

  • Comprender las formas de resistencia y dignidad que usaron los jóvenes negros diversos, en el marco del estallido social, para la defensa y garantía de los derechos.
  • Gestionar un espacio de diálogo y escritura que rememora las experiencias vividas y compartidas en el marco del Paro Nacional de 2021.

El laboratorio permitió evidenciar la necesidad de construir espacios para que los jóvenes negros y sexualmente diversos puedan dialogar sobre sus vivencias. Los jóvenes expusieron que anteriormente no habían tenido la oportunidad de expresar sus experiencias, y en ese entramado afloraron dolores y angustias que no habían sido procesadas. Por ejemplo, la frustración ante las violencias, el machismo, que se vivieron en los puntos de resistencia. El lenguaje corporal de los participantes refleja el malestar causado por lo sucedido durante las manifestaciones, recordando cómo salir a las calles como personas visiblemente diversas representaba un riesgo para sus vidas.

Tras la lectura del poema “Yo me levanto”, de Maya Angelou, surgió la intención grupal de crear un manifiesto que plasmara las vivencias colectivas de dolor y resistencia de “las maricas negras en el Paro Nacional”. Los participantes elaboraron un manifiesto que no solo reflejó las emociones surgidas a raíz del estallido social, sino también la conexión 
con el espíritu de lucha y resistencia de la comunidad negra.

El estallido permitió elevar la voz en nombre de los dolores que enfrentan las personas negras y maricas en el Oriente de Cali. En un escenario marcado por la desigualdad social, la falta de reconocimiento y las condiciones precarias para una vida digna, las lágrimas derramadas son sangre. Las víctimas, silenciadas por el miedo, el rechazo y la exclusión, 
no han tenido valor en una sociedad blanqueada y plagada de homofobia, transfobia, clasismo, misoginia, sexismo y un racismo persistente. Así lo manifiestan los jóvenes, demandando la urgencia de transformar esta realidad.

Aunque el sistema perpetúa la violencia contra las identidades negras y sexualmente diversas, los jóvenes siempre encuentran estrategias de resistencia, como el ‘manitaje’, la ‘juntanza’ y otras formas de organización colectiva. Las estrategias funcionan como redes de apoyo, barricadas, hogueras y espacios seguros que les permiten expresarse con la diversidad que los caracteriza. “Nosotros, los jóvenes negros y maricas, exigimos una vida llena de colores que refleje cómo construimos nuestra identidad. Reclamamos un amor que promueva nuestra libertad y acompañe nuestro ser. Queremos una felicidad que se manifieste en una vida digna” (Ana Muñoz, participante del laboratorio).

Y la reconstrucción de la memoria colectiva. Como conclusión, el ciclo de talleres permitió comprender la complejidad de nacer, crecer y vivir como negro, marica y disidente en el oriente. La dignidad es el objetivo diario del grupo de jóvenes, impulsándolos a asumir con resiliencia los desafíos y superar las barreras, solidarizándose, resistiendo y abriendo camino para que las generaciones futuras vivan sin miedo a abrazar sus identidades.

Es importante destacar que, para los jóvenes negros, maricas y disidentes, la lucha del Paro Nacional de 2021 tiene una conexión directa con las formas de resistencia de sus ancestros. Afirman que fueron sus antepasados quienes protegieron sus cuerpos y espíritus diariamente, fortaleciendo su espíritu para resistir.

Recordamos el dolor que nuestras hermanas y ancestros han soportado. Nos parte el alma pensar en cómo sus cuerpos han sido oprimidos, violentados, secuestrados, mutilados, desaparecidos y cruelmente asesinados. Esto nos impulsa a gritar con fuerza ¡Justicia, justicia, justicia! y a enarbolar nuestras banderas con orgullo en defensa de nuestras luchas. (Mirna Lucely Amú, participante del laboratorio)

En relación con los temas planteados como detonadores de discusión se identificaron puntos de tensión compartidos por los jóvenes. Aunque algunos vivieron el estallido social desde sus hogares y otros desde puntos de encuentro como Afroresistencia y Puerto Resistencia, las narrativas individuales reflejaban una serie de angustias compartidas, por ejemplo, la incertidumbre sobre el futuro.

Respecto a la pregunta sobre los mayores riesgos que enfrentaron las personas negras y sexualmente diversas durante el estallido social, en las respuestas se destaca la presencia de una violencia multidimensional. Sebastián recuerda el marcado racismo simbólico y la falta de representación de personas negras en las vocerías, en las que predominaban hombres blancos. Diana y Sara resaltaron la violencia policial, el abuso de poder y el uso desproporcionado de fuerza militar contra los manifestantes. Para ellas, la revolución no se limitaba a acciones con piedras en mano, sino también a través de espacios como las ollas comunitarias en los que se podía expresar amor y solidaridad sin temor.

Abordando la cuestión sobre los lugares no habitados, durante el estallido social, los jóvenes negros señalaron que la brecha entre el Oriente y el resto de la sociedad no solo se evidenciaba en el Paro Nacional. Lo que los medios de comunicación presentaban como “orden y paz”, era percibido como una Cali excluyente por aquellos que habitaban esta zona. 

La comunidad negra del oriente contribuía al tejido social y, al mismo tiempo, sentían que su realidad era ignorada. Anna resalta la importancia del control sobre la narrativa en primera persona como una forma de respetar la identidad y honrar la memoria. Para ella, el arte se presenta como un lienzo para inmortalizar la existencia y reclamar su lugar en la historia.

En concordancia con lo anterior, los jóvenes crearon una pintura sobre tela que refleja su interpretación de los diálogos sostenidos en los talleres, honrando las memorias de sus experiencias en el Paro Nacional como personas negras, maricas y disidentes. La voz predominante en la pintura fue otorgada a las mujeres, personas trans y maricas negras que resisten desde su cuerpo-territorio hasta las calles. El ejercicio de pintura colectiva comenzó como una lluvia de ideas colaborativas que plasmó emociones y sentimientos como dignidad y resiliencia, empatía y coraje, rabia y dolor, anhelo y resistencia.

Se demuestra que la experiencia de habitar cuerpos negros y diversos representa un riesgo constante en Colombia, con 248 casos de violencia y discriminación registrados entre 2021 y mayo de 2022, según informa Radio Nacional de Colombia en el artículo “Más de 200 casos de discriminación se han reportado entre la mitad de 2021 y 2022 contra personas LGBTIQ+”. Quedan interrogantes sobre cuántas de las víctimas fatales del estallido pertenecían a la comunidad LGBTIQ+ y cuántas eran personas negras. La falta de información se enfrentó mediante la creación de la Antología Visual MND Resistencia y Dignidad de las Maricas, Negras y Disidentes.

El ejercicio fortaleció las voces y experiencias de las disidencias sexuales en el oriente de Cali, reconociéndolas como sujetos de derechos capaces de generar acciones movilizadoras para garantizar una vida digna. Se recogieron las creaciones del manifiesto, la pintura sobre tela y las preguntas debatidas en los talleres, desde posturas de pensamiento crítico

[1] Este es uno de los contrapuntos dentro de las narrativas del Paro Nacional de 2021. Existieron diferentes focos de lectura de la coyuntura: la primera construida a partir de quienes participaron en los movimientos sociales, quienes se manifestaron y crearon juntanzas alrededor de las demandas sociales y políticas, en las que no solo exigían ser escuchades por el gobierno de turno, sino que estaba proponiendo una agenda para la construcción de un tejido social inclusivo, dialógico, regional y local. La segunda se construyó a partir de las personas que estaban en oposición a los móviles del Paro Nacional; de ahí que también tuvieran algunas manifestaciones violentas en la ciudad de Cali. En este mismo espectro, se erigieron las “camisas blancas” como símbolo “gente de bien”, lanzando a quienes no compartían su posición al lado del “mal”; una lectura, a nuestro juicio, maniqueo, reduccionista y peligroso con respecto a lo que estaba en juego en la ciudad de Cali en ese momento. Sin embargo, en estos dos horizontes de lectura no fueron los únicos existentes, aquí solo mencionamos algunos de ellos.