Perspectivas diversas del Paro Nacional 2021
“No puede cambiarse todo aquello a lo que te enfrentas,
pero nada puede ser cambiado hasta que te enfrentas a ello”
James Baldwin
El 28 abril del 2021 en el cielo caleño emergió el arcoíris como símbolo de esperanza. Sus diferentes capas de colores se unieron con pasión y solidaridad al igual que las organizaciones sociales, sectores políticos y populares de Colombia, exigiendo en una jornada de 32 manifestaciones, garantías sociales y el retiro del proyecto de ley que contenía una reforma tributaria. A esa capa de colores se sumaron los colectivos LGTBIQ+ quienes vieron la oportunidad de poner sobre la mesa de discusión sus experiencias de negación cargadas de supuestos y estigmas, que aún en las protestas más progresistas han estado insertas y normalizadas, negando así, otras formas de manifestarse y existir.
Las personas negras diversas nos sumamos a las marchas y entonamos consignas exigiendo un país distinto. A continuación, tres poderosos testimonios dan fe de la lucha por la igualdad y la justicia racial en Cali. Tres voces negras, que desde diferentes contextos han habitado la diversidad y la disidencia, y se han consolidado como referentes para la comunidad afrocolombiana. Unimos en este escrito a estos activistas, con un propósito común: alzar sus voces contra la discriminación y la violencia sistemática arraigada sobre elles.
Mauri Balanta, uno de los rostros de esta historia, es una activista de derechos humanos de Colombia que en todo su trabajo, no solo como educomunicadora, sino como realizadora audiovisual, promueve la igualdad de derechos para los diferentes grupos étnicos, mujeres y personas LGBTIQ+. Ella misma enfrenta tres formas de discriminación: es negra, mujer trans y de una familia de clase trabajadora.
Simón, es un hombre trans, negro, de espíritu libre, profesor de inglés y español, escritor y compositor, nació en Cartagena, pero en los últimos cuatro años junto a su colectivo Posá Suto[1] se ha convertido en un activista antirracista en la ciudad de Cali.
May, una marica negra, trans, no binaria, oriunda del municipio de Miranda (Cauca), es estudiante y líder del proceso Querida Gente Prieta de la Universidad del Valle, que usa el Ballroom como una expresión apasionada de su identidad y lucha, fusionando su herencia cultural con sus bailes. A través de su arte, desafía estereotipos y crea un espacio de empoderamiento, de aceptación propia y de conexión con otres .
Estas tres voces, desde diferentes orillas, habitan dos realidades en común, son personas negras y trans que coindicen en que la idea heteronormada con la que se ha moldeado la identidad nacional continúa vigente y por lo que es muy importante seguir alimentando la crítica que nos permita reconocer esos lastres y reconocer los lugares que les están otorgando o que estamos garantizando para la representación, participación y la afirmación política de las personas LGTBIQ+. Además, todes tres pueden ver y sentir cómo desde los marcos ideológicos en los movimientos sociales se niega o no se reconoce la participación de poblaciones como la LGTBIQ+, lo que genera unas disparidades que al final se traducen en hechos violentos como el desconocer a una persona su identidad.
Aunque elles reconocen esa violencia sistemática hacia sus identidades, piensan que a pesar de los nubarrones que se enfrentaron durante las jornadas de protestas en el Paro Nacional 2021, participar fue una oportunidad para visibilizar voces y sobre todo, realidades que por muchos años no habían tenido la atención que merecían, pues reivindican la existencia más allá de los parámetros normativos. Las maricas alzaron sus voces y eso fue esperanzador. Un ejemplo de las propuestas artísticas y culturales con las cuales se tomaron las calles para ser escuchadas fue el maricrófono, espacio promovido por el Colectivo Posá Suto que permitió expresar y poner en la mesa discusión muchas problemáticas. Para Simón
Las mujeres trans negras y personas diversas en medio del Paro [Nacional] 2021 fuimos violentadas por ser maricas […] entonces decidimos hacer un maricrófono y estuvo bien bonito, muy potente, tuvo mucha acogida, la gente realmente se sentó a escuchar […] fue también cuestionar ¿qué hacen cantando consignas supuestamente para ofender a los gobernantes diciendo que son maricones? No nos pareció bien porque nosotres usamos la palabra marica para hablar de nosotros mismos. Para resignificar, y apropiarnos de lo que somos, por eso hicimos un ejercicio de cambiar consignas y ver en el arte una forma de resistencia para conectar con nuestra ancestralidad.
El maricrófono, se convirtió en una estrategia de resistencia, en un espacio para la cultura, para el arte, para el ser, al tiempo que sirvió para expresar todas las cosas que sentíamos por medio de las diferentes expresiones artísticas. En el espacio se podía hacer o expresar lo que te naciera. Si tenías una canción, si querías bailar, si querías declamar poesía, o expresar tu arte lo podías hacer.
Simón cuenta que en uno de los Maricrófono realizados en la Glorieta de Siloé, (uno de los puntos de resistencia, que experimentó actos de violencia policial desproporcionados) las personas negras estaban muy aparte pero cuando llega Posá Suto con esta actividad artística, se empezaron a pensar otras cosas, también a prender. En ese momento si había maricas en el punto, pero muy poquita o la gente que estaba ahí no se reconocía por el mismo temor de que lo violentaron y todo eso, después de las actividades algunos pudieron expresar libremente su sexualidad: ya se sentían en un espacio seguro.
Aunque en las calles se entonaron cantos a la libertad y los espacios fueron tomados desde el arte y la oralidad la población LGTBIQ+ sufrió de manera acentuada y desproporcionada violencia basada en género.[2] Amnistía Internacional en su informe sobre el Paro Nacional 2021 relata que la respuesta estatal ha sido insuficiente y los altos índice impunidad persisten. Esta misma organización ha revisado 28 casos, y concluye que ser mujer, indígena, afrodescendiente o trans se convierte en un móvil adicional para la agresión Además, la Defensoría del Pueblo, evidenció 24 casos de agresiones a personas que se identificaban como LGTBIQ+.[3]
Estos hechos juntos con los presentados en el informe Retratos de la violencia policial racista desde la interseccionalidad[4], por un lado,realizan unllamado de atención para que la sociedad reconozca la problemática de violencia policial racista hacia las mujeres y personas asignadas con sexo femenino al nacer, especialmente afro. Por otro lado, evidencian cómo opera el racismo ligado a la misoginia y la transfobia dentro de las dinámicas de la protesta. Incluyendo a la Policía, como uno de los actores que más agreden a mujeres trans y que, contrario a protegerles, han contribuido a las tasas de violencias de género en contra de mujeres trans y en general de personas con identidades de género y orientaciones sexuales diversas (ILEX et al., 2023).
Para ejemplificar, Mauri nos cuenta que tuvo que presenciar cómo en ciertos espacios se burlaban de sus compañeras. En algún momento vio como a una le tiraron una piedra y ni qué decir del trato de la policía donde en procedimientos como requisas no se reconoce las identidades diversas. Por ejemplo, se le habla de él cuando es ella o de ella cuándo es él, siempre desde unas expresiones de burla.
Aunque mucha gente me conocía yo hacia una propuesta y nadie me prestaba atención, luego lo decía otra persona y todo el mundo copiaba. Me sentí en la soledad absoluta, porque en las movilizaciones si había personas negras y varones, pero no eran maricas entonces, sus ideas y sus palabras estaban por delante de lo que uno dijese, de lo que uno propusiera y por más de hacer un esfuerzo por contener a la gente, por unirlas en actos menos violentos, era super complejo.
Estas tres voces diversas coinciden en que si ya de por sí en las calles de forma cotidiana se violentan los cuerpos negros/diversos en las movilizaciones ocurridas en el 2021 estuvieron presentes las ideas y acciones patriarcales, que ignoran el enorme daño que genera, la homofobia, la transfobia y el racismo. Estos testimonios comprueban las implicaciones de la participación de la población LGTBIQ+ ya que la superposición de otros asuntos prioritarios va desactivando la acción política y las oportunidades de participación que podamos tener. Cali una ciudad diversa y multicultural debe continuar visibilizando estas narrativas para impulsar lo que evidentemente también es: la capital de la diversidad. Una capital donde las diversidades a pesar del que dirán, a pesar del absurdo sistema que se empeña en anularnos, en mirar para otro lado para no vernos a los ojos, nosotras, nosotros, nosotres nos alineamos como los planetas o como el arcoíris para reconstruir nuestro palenque, nuestra resistencia marica.
