Experiencia de un joven negro que le apuesta a cosechar un futuro mejor
“A [mi huerta] le puse
Huerta satélite: Compartiendo bendiciones, sembrando futuro.
Yo les dije a [mis vecinas] que aquí lo que iba a llegar eran bendiciones” Víctor Granjas
El 8 de diciembre del 2022 nos encontramos con Víctor, un joven negro, delgado y de gran sonrisa. Con el objetivo de conocer un poco de su historia nos dispusimos a caminar su territorio en el barrio Pízamos I[1]de Cali para que nos contara su experiencia en las huertas comunitarias que surgieron en el marco del Paro Nacional 2021 como una expresión pacífica “para sembrar nuevas formas de acción colectiva que [contribuyeran] a la construcción de paz” (Paso Colombia, 2022, párrafo 1).[2]
El día de la entrevista Víctor vestía una camisa azul manga larga y encima una camiseta que tenía estampada la fotografía de dos jóvenes negros, menores de edad, asesinados como consecuencia del conflicto de fronteras invisibles en el barrio.
[Aquí] en el barrio se ha derramado mucha sangre. Si me pusiera a contar cuántos jóvenes han muerto […] en […] Pízamos en el día no alcanzaría a contarlos todos.
Al igual que Víctor cientos de personas del Oriente de Cali salieron a las calles motivados por la falta de empleabilidad, estudio[3] y las situaciones de violencia, y se concentraron en 4ta Resistencia[4], el punto de encuentro más cercano a su barrio.
El estallido fue un impulso para que miraran más hacia las comunas y el [sector] […] Sentí la necesidad de ir a la marcha porque era la [ocasión para] hacer sentir mi voz y acompañar al pueblo.

Este joven caleño que siempre se ha interesado en recuperar espacios de la ciudad y mitigar el impacto ambiental, durante las manifestaciones desempeñó el papel como mediador entre la comunidad y las fuerzas policiales, “[para] apaciguar el conflicto y evitar que [escalara]”.
Con el paso de los días conforme se fueron intensificando los episodios de violencia y los números de víctimas fueron incrementándose, en diferentes partes de la ciudad “los jóvenes y los movimientos alternativos como protagonistas le dieron un aire de protesta social renovada copando territorios y ciudades con amplio apoyo popular” (Ramírez y Vargas, 2023, párrafo 8)[5], y consolidando espacios de resistencia ciudadana para “hacerse fuertes en sus territorios, buscando dos objetivos estratégicos: garantizar la continuidad y la intensidad de la lucha y la seguridad de quienes estaban en [en las calles]” (Salazar, 2021, p. 159).[6]
Mercados móviles, ollas comunitarias, jornadas textiles, cartografías sociales, bibliotecas comunitarias, puestos de atención médica, pintatones y hasta huertas comunitarias fueron algunas de las iniciativas exitosas alrededor de las cuales se fue gestando la solidaridad en los barrios y en los dieciocho puntos de concentración que había en la ciudad de Cali.[7]
Mientras iniciamos el recorridos por algunas de las cuatro huertas urbanas que se gestaron en el barrio, Víctor nos cuenta que como habitantes de Pízamos I son estigmatizados por algunos sectores de la ciudad por las condiciones de pobreza extrema, los bajos niveles de escolaridad y la percepción de inseguridad en el sector. Situación que pudimos corroborar en horas de la mañana cuando el taxista que nos trajo a Pízamos decidió parar en una cancha del barrio y nos pidió que llamáramos a alguien para que nos recogiera, al tiempo que nos contaba que “hace tiempo en el barrio Pízamos llamaban a los taxistas para robarlos”.
La idea de un Pízamos violento expuesto por la anécdota del taxista contrasta con la visión de una persona joven como Víctor quien asegura que a pesar de las situaciones de conflicto, segregación racial e inseguridad que se presentan en el territorio también hay propuestas ciudadanas como las huertas que le apuesta a crear un barrio mejor desde la amabilidad y comunión entre vecinos. Un ejemplo de esto son las huertas comunitarias en las que han venido trabajando en el último año y medio.
Pese al éxito y la consolidación que ha tenido esta iniciativa en el barrio son muchos los obstáculos que han tenido que sortear en el camino los jóvenes y vecinos que le han apostado a sembrar para cosechar. En el año 2021 los planes iniciales para la construcción de las huertas en todo el corredor ecológico de Navarro se vieron afectados por los asentamientos irregulares, “si no hubieran invadido [este sector], la huerta de Pízamos sería la más grande del Distrito de Aguablanca”. La recuperación y adecuación del lote, que antes funcionaba como basurero, también fue una tarea ardua que lideró Víctor en compañía con algunas vecinas del barrio, para ayudar a reducir el impacto ambiental que sufrían los habitantes del sector.
La primera, [Huerta satélite: Compartiendo Bendiciones], fue la huerta principal porque yo vi que era un espacio, [que hasta ese momento había sido un] basurero, [que] podíamos [recuperar]. Las personas arrojaban mucho escombro y mucha basura. Entonces desde ahí, yo me empoderé, [me llené] de sentido de pertenencia y compartí sabiduría.
A partir de este momento, Víctor con apoyo de la comunidad sacaron adelante las cuatro huertas del barrio que además de consolidarse como espacios de solidaridad y trabajo comunitario en el Paro Nacional 2021, ayudaron a contrarrestar la escases de alimentos en el barrio que se prolongó por algunos meses más debido a la pandemia por Covid-19:
La huerta inició en medio del Paro [Nacional] 2021 pero también en medio de la pandemia. [Nosotros] le peleábamos a la Alcaldía que no había alimento, que los alimentos estaban caros, […] una forma de combatir esa problemática fue […] empoderarse de la huerta porque desde ahí fue que se empezó la resistencia
Así pues, las huertas del barrio además de ser una expresión de resistencia pacífica se consolidaron como una iniciativa de “resiliencia alimentaria en contextos de violencia, impactando positivamente [la comunidad] gracias a las actividades diarias que las huertas exigen y las cosechas conseguidas” (Paso Colombia, 2022, párrafo 5).

Registro fotográfico: Revista Matamba.
Al comprar entre vecinos se activa la economía del mismo espacio. Por “calamidades” como lo menciona una habitante del sector, algunas familias no cuentan con un sustento económico estable para sobrevivir y han notado que a través de la huerta se ha amortiguado el impacto que los altos precios pueden ocasionar en la consecución de los alimentos de la canasta familiar.
Comprarle al vecino, proteger la tierra, cuidar a los otros a través de los alimentos han elementos de vital importancia en este proceso de desarrollo y consolidación de un sistema alterno de economía solidaria.[8] Actualmente los vecinos compran en la huerta frutos de alta calidad a menor precio que en el supermercado y encuentran en estas compras una forma de aportar a sus viviendas.
Iniciar la huerta y conservarla sin apoyo estatal ha sido un acto de resistencia, así como la continua búsqueda de sostener a flote este proyecto.
Así ellos [el gobierno] no ayuden, uno tiene la capacidad de no dejar derrumbar lo que […] ha construido porque de eso se trata, de resistir. —Enfatiza Víctor mientras mira las plantas—.
Las huertas urbanas se han convertido en una herramienta de conexión, reconciliación y reparación del tejido social en el barrio Pízamos I a través del trabajo colaborativo. El compañerismo que se ha transmitido entre los habitantes del sector y se evidencia en la curiosidad inicial de gente nueva que les observa trabajando en la huerta para después animarse a formar parte. Adicionalmente, Víctor señala que las huertas intentan ayudar a crear actividades alternativas para combatir el fenómeno de las fronteras invisibles ya que los jóvenes en lugar de estar en las esquinas quieren estar en ellas y cambiar armas por palas.
[Antes] había vecinos que vivían en el barrio y no se dirigían la palabra, la[s] huerta[s] ha[n] sido un punto de reencuentro que ha permitido dejar de lado la rivalidad. Si los gobiernos quisieran cambiar la violencia y lo que nos daña como sociedad, la huerta sería un lugar en donde podríamos hacer tejido social, donde los jóvenes le pueden apostar a sembrar.
La experiencia de Víctor y las huertas comunitarias, es una de las tantas historias que permite hacerle contrapeso a las narrativas dominantes sobre los jóvenes participantes en el Paro Nacional 2021 que fueron catalogados como bandidos por los medios de comunicación dominantes. Lo cierto es que los jóvenes continúan su labor social con la comunidad aportando a la paz de Colombia y los habitantes han ido recuperando su voz y lugar como el barrio fundador de la Comuna 21. De forma constante y unida se trenza el empeño por transformar la realidad del sector, para recuperar el papel de actores, la capacidad de conducir por un mejor rumbo el barrio y con ello, recuperar la dignidad a través de la emancipación.
Gracias a su liderazgo durante el Paro Nacional 2021, a la huerta y su labor social a Víctor lo reconocen hoy como una persona que trabaja por la paz. Un joven que sueña con una Colombia huertera y se sueña pudieron acceder a la universidad y de esta manera seguir contribuyendo a que de la tierra manchada por la sangre de cientos de víctimas crezca un fruto que sea testigo del pasado y que los lleve a cosechar un futuro diferente.
