Reflexiones de dignidad de una lideresa afro juvenil
“No era justo que por salir a marchar nos [dispararan],
nos [echaran] esos gases lacrimógenos”
Gina Gallego
En una tarde de marzo de 2023, Ginna una mujer joven, negra, de contextura delgada, alta, de labios gruesos, risa contagiosa, amante del escenario, el teatro comunitario, las plantas y la pintura, que nació en el año 2000 y creció en el barrio Antonio Nariño,[1] en la Comuna 16 de Cali, me abrió las puertas del apartamento que comparte con tres amigas cerca del Centro Comercial Santiago Plaza. En su habitación pequeña adornada con cuadros de denuncia social, plantas y hasta un cuadro de 60*45 cm sin terminar, hablamos de su experiencia como artista a través del arte y la pintura muralista en el marco de las manifestaciones del Paro Nacional 2021, acciones que como ella misma señala cambiaron su vida y la convirtieron en una lideresa afro juvenil.
Esta joven artista caleña decidió participar en las movilizaciones al considerarlas un proceso de incidencia política a gran escala que posibilitaba transformar la realidad de personas “como ella”, ya que toda su vida se había sentido interpelada por diversos factores que la han puesto en una situación de desventaja: ser mujer negra de piel oscura, diversa, joven, independiente económicamente, habitante del Distrito Aguablanca, hija de desplazados, entre otros factores.
Motivada por la berraquera fundamentada en la crítica movilizadora, incómoda y propositiva Gina salió a las calles. Esa “Berraquera”, como ella la llama, creció entre muchas personas hasta convertirse en un sentir colectivo que se materializó de forma más cercana a Gina en Puerto Resistencia, gracias a la necesidad de crear un espacio de encuentro localizado en el Oriente para las personas del Oriente.[2]
Puerto Resistencia, conocido hasta entonces como “Puerto Rellena”, visto como un lodazal en la Cali de antaño, con el paso de los días se convirtió en una zona donde se congregó la ciudadanía, con origen heterogéneo, en el marco del Paro Nacional del 2021 y sin duda un aspecto a resaltar es la “fuerte presencia de los jóvenes [y mujeres], sin que ninguna agrupación política u organización social o sindical [pudiera] reivindicar para si una iniciativa exclusiva” (Valencia, 2021, p. 15)[3].
Me acuerdo que ese 28 de abril cuando yo llego al punto de encuentro […] me quedé impresionada, creo que nunca había visto tanta gente negra en la calle. Gente de todas las […] edades.
Este lugar de encuentro se erigió como una alternativa a la corrupción que, según la percepción de Ginna, permea hasta los movimientos sociales y organizaciones de base comunitaria. Fue un llamado a la necesidad de organizarse desde la base sin intención de lucro, “[queríamos] que [viniera] de acá, de la gente [de la comuna]”. De esta manera un grupo grande de jóvenes por medio de las redes sociales y el voz a voz comenzó a reunirse para gestionar recursos destinados a eventos como conciertos de rap, chispetadas y chocolatadas.
Los muchachos, como les dice Ginna, se juntaron para hablar sobre el contexto social que se vivía, empezaron a notar la importancia del rap y de las manifestaciones artísticas urbanas en la construcción de reflexiones más sólidas. Ellos también aportaron desde su hacer al fortalecimiento del tejido social mediante ollas comunitarias que, a través de los alimentos y la palabra, fortalecía el espíritu crítico de quienes asistían. Entre el 28 de abril y mediados del mes de junio de 2021 “miles de paredes en diferentes ciudades [del país] se llenaron de colores. Muchos de estos espacios urbanos fueron el telón de artistas, jóvenes, niños y adultos que plasmaron el descontento que sentía la ciudadanía” (Fernández, 2022, párrafo 1).[4]
Muchos jóvenes de la comuna decidimos organizarnos, ahí nace una colectiva que se empieza a movilizar por primera vez en la historia del Distrito de Aguablanca, entendiendo que la Simón Bolívar es solo la división, no es todo [el] Distrito. […] Algo que tenía ese punto es que había mucha gente negra, la gente que normalmente no está en las manifestaciones porque les queda lejos.
Pese al deseo de la ciudadanía por participar en las movilizaciones a partir de expresiones pacíficas, se percibía un miedo colectivo debido a que desde el primer día de protesta desaparecieron personas, muchas de ellas jóvenes negros habitantes de las zonas periféricas de la ciudad. “Uno [salía] a marchar con mucho miedo porque uno no [sabía] si [iba] a volver a casa”. Según “la oficina de CODHES Cali […] de las 39 personas asesinadas en Cali y Yumbo entre 28 abril y 18 mayo, 11 eran visiblemente afrodescendientes, 1 indígena, 9 mestizos y 18 aún no identificadas” (Ojulari y Cuero, 2021, p.1).[5]
Ante estas circunstancias muchas personas decidieron dejar de participar de las movilizaciones o hacerlo solo en entornos cercanos a su barrios por seguridad.
El día en que mataron a Miguel Ángel Pinto,[6] yo solo recuerdo la sensación en mi cuerpo, [él había sido] compañero del colegio de mi hermana, […] [lo] había visto caminar en el barrio[…] Que haya sido asesinado eso es una de las cosas que daba más rabia, porque todos los que veía heridos eran chicos de mi barrio, eran chicos del Distrito, de Comuneros […] que venían a concentrarse en Puerto Resistencia.
Los asesinatos y desapariciones se convirtieron en una constante. Aquellas pérdidas Ginna las sintió en el cuerpo, la muerte de personas que hacían parte de su cotidianidad, personas que hacían lo mismo que ella, que tenían edades similares a la de ella, podían obedecer, entre otras cosas, a la racialización territorial y criminalización de los barrios y sus manifestantes durante el estallido social. Como mujer negra del Distrito la exposición a tanto despliegue de violencia la afectaba de diferentes maneras y le hacía recordar que siempre habían intentado doblegar su humanidad a través de la violencia.
Paradójicamente al tiempo que se recrudecían los episodios de violencia hacia la sociedad civil, miles de personas en el país volvieron a volcarse a las calles esta vez para exigir justicia para las víctimas, defender el derecho a la protesta y el derecho a la vida. Con la berraquera en el pecho la ciudadanía se volcó en las calles para reivindicar la dignidad y la resistencia.
El paro [Nacional 2021] era para eso, para resistir y dignificar lo que somos, volver a renombra[nos], que dejen de decir que no podemos o no somos. Aquí estamos y contamos con todas estas herramientas que hemos ido aprendiendo: con todo el arte y el amor del universo. [Lo más seguro es que] vamos a seguir alzando la voz las veces que sean necesarias para resistir.
Regresar a las manifestaciones día tras día, con las, los y les jóvenes asesinades el día anterior en el pensamiento se puede justificar con una frase de la compañera: “la resistencia en este caso viene siendo ese acto de continuar, de salir, de pensar, de decidir ir por otro camino”. Camino que tomaron con las artes politizadas, ennegrecidas y barriales para expresar inconformidad, incluso proponer alternativas de vida que cuiden la tierra y a quienes la habitan. “Ciudades como Bogotá, Cali y Popayán empezaron a ver en sus calles grandes murales creados […] en especial, por jóvenes que se reunían y gestionaban los recursos necesarios para plasmar mensajes en torno a lo que estaba ocurriendo esos días” (Fernández, 2022, párrafo 3).
Siempre que llegaba la fuerza pública algo pasaba, pero cuando no estaban la gente empezaba a jugar, a bailar, a hacer comida y hacer otras cosas [diferentes a] estar en posición de defensa, porque no hay un enemigo allí esperando para hacerte algo.
“La participación de los jóvenes, no sólo se concentró en cantar arengas en contra del gobierno y en caminar por las principales calles de la ciudad, también se manifestó a través del arte, la pintura y la olla comunitaria”. (Fernández, 2022, párrafo 11). En este contexto Gina se reunió con jóvenes conocidos del proceso y poco a poco “el color […] inundó las grises y opacas calles de la ciudad con mensajes de reivindicación social […] como una de las formas más potentes de protesta” (Ramírez et al., 2021, párrafo 1)[7],
Allí [en el marco del Paro Nacional 2021] hago mi primer mural grande. A partir de [la] recolección […] de pinturas que empezamos a gestionar y organizar. En ese contexto nace la primera intervención en la caseta comunal en la Avenida Pasoancho. Ese mural, lleva la palabra revolución por todo este esto que estaba sucediendo, como ese alboroto, ese cambio, esa inquietud eso que estaba sucediendo que nos estaba movilizando y que de una manera pacífica se estaba dando de manera fuerte, de manera [clara y concreta, con ímpetu].

Teniendo en mente la pregunta, ¿cómo resignificar el ser mujer negra en esta sociedad? Gina gestó su idea incorporando elementos que siguen presentes en sus obras: mujeres negras como protagonistas, astros y exploración de la flora-fauna del Chocó biogeográfico.
[En el mural] aparece la figura de una mujer afro, […] como un llamado [de atención] de que la gente afro también está haciendo parte de [estas movilizaciones] y que también estamos exigiendo cambios. Esta figura era importante porque en todas las luchas estamos las mujeres negras. Siempre estamos y se cuentan las historias a medias. Siempre nos atraviesa un montón de problemáticas sociales entonces ¿cómo no vamos a estar ahí?
Estos espacios de creación y resignificación de lugares, que se replicó en diferentes partes de la ciudad y el país se convirtieron en espacios en donde además de la creatividad y la imaginación la palabra se hizo camino. “Ese elemento sensible que caracteriza al arte […] fue el engranaje simbólico perfecto para hablar y visibilizar, […] temas como la desigualdad, la violencia, […] y denunciar, […] el poco presupuesto que se le da al sector artístico en nuestro país” (Ramírez et al., 2021, párrafo 2).
Cuando empiezo a pintar el mural algo que recuerdo mucho era esa sinergia dentro de la comunidad a la hora […] de participar en lo que se estaba haciendo. Recuerdo, cómo me llevaban comida, pinturas […] uno [se sentía] supremamente acompañado y cuidado por las mismas personas que habitaban el territorio.
Además de la búsqueda de justicia social, Gina quien siempre había soñado con acceder a la universidad para perfeccionar su arte, se movilizaba con la esperanza de algún día cumplir su sueño y que para las futuras generaciones sus derechos no fueran sueños sino realidades. Lamentablemente, “en Latinoamérica y el Caribe, el racismo y la discriminación tienen características históricas, económicas, sociales y culturales, que han mantenido a grupos específicos, entre estos los pueblos indígenas, afrodescendientes y mujeres, en condiciones de marginalidad, exclusión y pobreza extrema” (ONU, 2023, párrafo 4).[8]
Ese proceso de resistencia a través de las artes, de continuar saliendo a las calles aun siendo testigo de la violencia en las manifestaciones dio frutos. En el transcurso del Paro Nacional 2021, algunas fundaciones en inversionistas de la ciudad ofrecieron becas para financiar el 100 % de los estudios universitarios a mujeres afro. Paradójicamente en medio del contexto social convulso que estaba la ciudad de Cali, Gina, quién ya en alguna ocasión había intentado acceder a la universidad, y por cuestiones económicas había tenido que desistir del proceso, logró su objetivo aparentemente inalcanzable, una beca para estudiar en la Universidad Icesi Licenciatura en Artes.
Con esta historia de vida, encaminada a reconstruir hechos y reflexiones sobre su participación en el Paro Nacional 2021, se entrevé una fuerza movilizadora, una persistencia y un pensamiento de sí misma dentro del entramado social, con una Ginna dos años más experimentada en todos los aspectos de su vida.
[La resistencia es] retirarse un poco para poder volver con otras herramientas como son las educativas, lo pedagógico, el arte para volver y decir, “bueno, aquí está todo esto para continuar resistiendo”, mantenerse en pie, firme y oponerse a lo que no es correcto socialmente. La dignidad es poder tener acceso a la educación, es poder tener una buena vivienda, es poder ser reconocido, poder ser un sujeto de derechos y que mis derechos tengan un valor dentro de esta comunidad, que se me vea como alguien pensante, alguien creativo, creativa, creative, que ese ser que yo soy se reconozca.
Como hace énfasis Ginna la dignidad está en ser reconocido como alguien igual en derechos. Especialmente en Colombia en donde la mayoría de las personas negras no podemos reconstruir nuestro árbol genealógico más allá de la quinta generación porque se homogeneizó la historia de personas traídas en condición de esclavización, personas heterogéneas en cultura y lengua. El retorno de su dignidad está en la búsqueda de acciones que le permitan hacerse escuchar desde la inconformidad y la propuesta, dejar de ser sólo números que representan carencias para convertirse en rostros que reclaman ser ciudadanos con derechos y voces.
Lamentablemente en el marco del Paro Nacional 2021 fueron más los jóvenes negros deseosos de estudiar asesinados, que becados en universidades. Casos como el de Ginna accediendo a la educación superior son “excepción” y no la norma.
